"Los retos del cloud, la cara oculta de los servicios digitales, deberían hacer reflexionar a los ciudadanos europeos"

El cloud es la materia prima que utilizan las empresas en el nuevo orden económico para ofrecer sus servicios, y que ha permitido la llegada de múltiples innovaciones durante estos últimos años. Pero, ante todo, el cloud es la cara oculta de la revolución digital, y el gran público no suele prestarle atención. Sin embargo, está en el núcleo de grandes desafíos, especialmente en la protección y el procesamiento de datos personales. Xavier Perret explica por qué es importante la presencia de un proveedor de servicios cloud de origen europeo entre los grandes actores de internet.

Todos los días -o casi- se habla de la revolución digital. OVH proporciona a las empresas la materia prima de esta revolución: el Cloud Computing. A pesar de ello, el gran público sigue sin conocerle. ¿Por qué?

OVH es la fábrica que produce los componentes tecnológicos que sustentan la revolución digital. Se dice que internet es virtual; OVH es su lado material. Tanto el almacenamiento como el procesamiento de los datos producidos por las empresas, requieren infraestructuras: centros de datos, servidores, red mundial de fibra óptica y dispositivos de red repartidos por todo el mundo. Para dar una idea más precisa: OVH significa más de 300 mil máquinas físicas y más de 350  mil servidores virtuales en funcionamiento en 27 centros de datos. La gestión de un parque informático de tal envergadura requiere la intervención de hombres y mujeres relevándose día y noche para garantizar la máxima disponibilidad y la seguridad de estas infraestructuras que se han convertido en una pieza clave de nuestra economía. En la actualidad, OVH cuenta con más de 2400 colaboradores en todo el mundo, y ha previsto contratar otros 1000 durante este año. Es cierto que somos discretos, pero probablemente ya usted ha oído hablar de nosotros. Incluso es posible que, sin saberlo, sus datos ya hayan estado alojados en uno de nuestros servidores, utilizando un servicio digital ofrecido por uno de nuestros clientes, que son muy numerosos: ¡más de un millón en todo el mundo!

Antes, los sistemas de información, no solo de las empresas, sino también de las administraciones, se gestionaban internamente. Pero desde finales de los años 2000 se está produciendo una migración masiva hacia el cloud. La gestión material de una infraestructura tecnológica requiere mucho tiempo y una gran inversión, sin mencionar la seguridad informática, que exige conocimientos cada vez más avanzados. El cloud proporciona simplicidad, flexibilidad y agilidad. Sitios de e-commerce, aplicaciones web y móviles propias, intranets, servicios de streaming musical, de video o de gaming, portales web de las administraciones… el cloud aloja actualmente todo tipo de servicios, y permite a las empresas innovar con mayor rapidez, mientras solo se enfocan en su verdadero valor añadido, ¡y este cada vez reside menos en la administración de las máquinas!

La informática ya se consume "como servicio", y son operadores como OVH los que se encargan de las capas materiales y del mantenimiento y la actualización del hardware y el software de los servidores: ¡eso es el cloud! Los recursos necesarios para desplegar un nuevo proyecto, probar una idea o hacer frente a un pico de carga, están disponibles en solo unos clics, se entregan en cuestión de minutos y pueden facturarse por uso; una revolución invisible a los ojos del gran público, quien, sin embargo, utiliza cada vez más servicios digitales en el día a día y, por lo tanto, participa en la explosión de los usos digitales.

Y la secuela inminente de esta explosión es el crecimiento exponencial de la producción de datos: más de un 40% anual (fuente: IDC). Lógicamente, esto implica que la necesidad de capacidad de almacenamiento y de procesamiento de los datos, especialmente a través de las técnicas de Big Data, Machine Learning y Deep Learning, sea cada vez mayor, gracias a un fenómeno que comienza a cobrar fuerza: la inteligencia artificial.

Hay que tener en cuenta que una fábrica robotizada pronto producirá más de un petabyte de datos al día, y un vehículo autónomo, no menos de cinco terabytes. Pero los datos recopilados son también datos personales y conductuales, explotados por algoritmos para mejorar y personalizar aún más los servicios digitales que los usuarios utilizan diariamente, e inventar otros nuevos.

En un momento en el que los gigantes Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft son considerados como los nuevos amos de la economía con un poder sin límites, aparece OVH como el europeo que les hace frente. ¿Es verdaderamente tan importante, en una economía globalizada, tener alternativas europeas a las grandes firmas americanas que reinan en internet?

Hoy en día, la recogida y explotación de datos se realizan a escala masiva, con el consentimiento más o menos informado de los usuarios que, a cambio, disfrutan de servicios digitales cada vez más potentes en su vida diaria cotidiana y en el mundo profesional.

El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) comenzará a aplicarse el 25 de mayo de 2018. Este es un gran proyecto de armonización de la legislación relativa a la protección de los datos a escala europea, y regula de manera más estricta las prácticas de las empresas implicadas en el procesamiento de datos… ¡prácticamente todas! El objetivo es "devolver a los ciudadanos el control de sus datos personales y, al mismo tiempo, simplificar el marco regulatorio para las empresas".

Esto constituye un gran paso de avance que confirma que Europa es un territorio preocupado por la protección de la vida privada y la confidencialidad de los datos, incluyendo los de las empresas en un contexto de competencia mundial exacerbada (otro efecto de la revolución digital).

La entrada en aplicación de este Reglamento (que está dando mucho quehacer a las empresas, pues estas deben redefinir sus procedimientos para ajustarse a él) va a permitir una toma de conciencia.

Según un reciente estudio llevado a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), 9 de cada 10 usuarios dijeron estar preocupados por la protección de los datos personales.

Es hora de ir más allá de la simple preocupación y de entender un poco mejor los factores implicados, especialmente los relacionados con la localización de los datos y con el marco jurídico por el que se rigen. Es necesario entender que el cloud no es una nube que se pasea sobre nuestras cabezas: la información está físicamente alojada en centros de datos, y la garantía de seguridad varía en dependencia de la localización geográfica de los mismos (piense, por ejemplo en el Patriot Act estadounidense y en las revelaciones de los últimos años, relativas a los programas de vigilancia generalizada). Lo mismo sucede cuando los datos están alojados en suelo europeo por un proveedor cloud que se rige por el derecho americano o asiático, debido a la aplicación extraterritorial de determinadas reglamentaciones. Ya que, efectivamente, China está entrando de lleno en la era digital, y su voluntad de expansión llega a Europa.

En un contexto de gran crecimiento (más de un 30% anual), y tratándose de un sector que requiere grandes inversiones, el mercado del cloud va a experimentar un intenso movimiento de concentración en los próximos años. En realidad, este ya ha comenzado. Y, como en un futuro no muy lejano una decena de proveedores de cloud se repartirán el mercado, creemos que es fundamental que las empresas y sus clientes finales tengan una alternativa europea a los servicios cloud americanos y asiáticos.

La soberanía digital está en juego y, teniendo en cuenta el lugar que ocupan en nuestras vidas las tecnologías digitales, estas cuestiones geopolíticas deberían hacer reflexionar a los ciudadanos europeos.

OVH es líder europeo del cloud y, para reforzar su posición, acelera su desarrollo internacional mediante la implantación de nuevos centros de datos en Alemania, Inglaterra, Polonia, Asia-Pacífico… y también en Estados Unidos, pero con un aislamiento jurídico total de su entidad americana. La idea es poder acompañar a nuestros clientes por todo el mundo, en cualquier lugar donde sus innovaciones tengan usuarios.

¿En qué se distingue el cloud de OVH? ¿Qué aporta esta "excepción europea" con respecto a las tecnologías de almacenamiento y de procesamiento de los datos?

Al margen de los esenciales aspectos jurídicos y reglamentarios, defendemos un modelo de cloud diferente, abierto. En OVH tenemos la profunda convicción de que las empresas deben tener libertad para tomar las decisiones relativas a su sistema de información: libertad para elegir sus proveedores de cloud, libertad para cambiar de proveedor, libertad para repartir sus aplicaciones entre varios proveedores (o incluso conservar una parte en sus propias instalaciones, conformando un cloud híbrido), libertad para elegir la localización de sus datos... Esta libertad hay que respetarla, cuidarla.

La reversibilidad de los datos (es decir, que el cliente pueda migrar o recuperar sus datos en cualquier momento) no siempre es posible o, en el mejor de los casos, puede convertirse en una ardua tarea debido a los "candados tecnológicos". Por eso nuestras soluciones de cloud se basan en estándares tecnológicos, entre los que se encuentran diversas tecnologías de open source.

El cloud se ha convertido en un factor decisivo para las empresas; demasiado importante para adoptar riesgos o comprometerse de por vida con un único proveedor. Defender un cloud abierto es impedir que un actor dominante imponga sus reglas simplemente porque controla una parte del mercado.

Este activismo se ha plasmado recientemente en la creación, impulsada por OVH, de la Open Cloud Foundation, que reúne a una treintena de empresas, asociaciones profesionales, organismos públicos y centros de investigación. Esta fundación también se ocupa de asuntos como la mediación (el uso cada vez más frecuente de intermediarios para que los usuarios finales puedan acceder a los servicios: motores de búsqueda, marketplaces...) o los nuevos desafíos para la propiedad intelectual que son la inteligencia artificial y los motores de cognición as a service, que podemos entrenar con nuestros datos, pero cuyas "neuronas entrenadas" no nos pertenecen.

Por último, cabe destacar que el enfoque europeo presenta una diferencia esencial: somos conscientes del impacto social de este tsunami digital. A nivel mundial, se está empezando a entablar una relación crítica muy saludable con las tecnologías, sopesando no solo sus beneficios, sino también sus efectos más nocivos. Un buen ejemplo serían los sesgos que pueden presentar los algoritmos, ahora que estos últimos se han convertido en una parte más de nuestras vidas y son capaces de influir en nuestra relación con la información, nuestras elecciones culturales o políticas, o nuestros trayectos... ¡y todo ello bajo la apariencia de una supuesta neutralidad que debemos empezar a cuestionar de inmediato!

Todo el mundo reconoce los beneficios de la llamada "excepción cultural", que consiste en otorgar una consideración especial a los productos culturales en los tratados internacionales y, en especial, en aquellos relativos al comercio. Tener un cine independiente, capaz de hacer frente a las superproducciones de la industria cinematográfica estadounidense (y china en un futuro), nos permite evitar la hegemonía y preservar la diversidad cultural.

Con el cloud sucede lo mismo: la dominación industrial estadounidense en el sector digital conducirá inevitablemente a una dominación cultural, tal y como explica Henri Verdier en este artículo (disponible en francés).

Al asumir y reivindicar el hecho de ser la excepción europea que ofrece servicios de infraestructuras cloud y de procesamiento de datos, OVH está llamada a desempeñar un papel estratégico en la transformación digital de las empresas.

¿Hay que frenar entonces? ¿Quizá deberíamos reducir la velocidad de adopción y uso de las nuevas tecnologías?

Frenar no, reflexionar sí. Todas las empresas son partes interesadas de la transformación digital. Perder el tren digital o bajar el ritmo implica, como ya sabemos, asumir el riesgo de verse amenazado por nuevos competidores más ágiles que sí hayan sabido utilizar las nuevas tecnologías para sacudir el mercado, dominado hasta el momento por actores consolidados que ahora sufren para renovar su oferta, debido al exceso de inercia en su gestión y sus infraestructuras digitales (el famoso legacy). Pero emprender el camino de la transformación digital es más que un reflejo defensivo. Es también una estrategia ofensiva, ya que los recursos digitales permiten que las empresas ganen en eficacia y puedan centrarse en su actividad. En conclusión, les ayuda a reinventarse.

La idea es tentadora: aprovechar cuanto antes las posibilidades que ofrecen los servicios de reconocimiento vocal, facial, fotográfico o de objetos, o de análisis semántico de las conversaciones, para ampliar la gama de servicios ofrecidos a los usuarios. Y todas estas tecnologías generan inmensas cantidades de datos. Sin embargo, en un mundo dominado por servicios digitales que traspasan cualquier frontera cultural, histórica o territorial, no debemos bajar la guardia sobre cómo y con qué finalidad se recogen y procesan estos datos, así como a quién pertenecen. De lo contrario, cuando el usuario final, habiendo renunciado al control de su vida privada, descubra el precio real de esta tecnología, quizá se muestre contrario a estos servicios que tan útiles le parecieron en un primer momento.

La pregunta del millón: ¿el cloud y los algoritmos son tecnologías neutras?

El origen de la algoritmia se remonta al siglo IX, junto al nacimiento del álgebra, de donde precisamente procede la palabra de origen árabe "algoritmo". En los años 70 aparecieron los primeros instrumentos de cálculo que permitían ejecutar de forma automática los primeros algoritmos. Desde entonces, la potencia de los equipos informáticos no ha dejado de crecer, al tiempo que los algoritmos se han ido perfeccionando.

Durante estos últimos años se ha producido un cambio de tendencia que ha permitido democratizar el uso de los algoritmos: las tecnologías de cloud computing han hecho posible el almacenamiento y el procesamiento de grandes volúmenes de datos a un precio relativamente bajo. De este modo, la potencia de las supercomputadoras, que hace unos años solo podían permitirse algunas grandes empresas y laboratorios de investigación, ahora está al alcance de cualquier startup.

La consecuencia directa es que los algoritmos se han convertido en una parte más de nuestras vidas. Sin embargo, los algoritmos no son neutros. En el mejor de los casos, reflejan los deseos de sus creadores; en el peor, reproducen sesgos de los que estos creadores ni siquiera son conscientes.

Estos sesgos, sobre todo sociológicos y culturales, están presentes en cualquier conjunto de datos. Se introducen en los algoritmos a través de los mecanismos de autoaprendizaje y pueden llegar a encerrarnos en una "burbuja cognitiva" o, incluso, fomentar las desigualdades.

Los algoritmos, bajo su apariencia de objetos matemáticos totalmente racionales, pueden servir para difundir sesgos de forma insidiosa. Pero ¿es algo realmente preocupante en el caso de las recomendaciones de series o películas en los servicios de video bajo demanda (VOD) o en la creación automática de listas de reproducción en las plataformas de música en streaming? Parece que no es para tanto.

Pero cuando estos algoritmos colonizan otros sectores de la sociedad como la sanidad, la justicia, los seguros, las finanzas o incluso la lucha contra el fraude fiscal, es perfectamente lícito preguntarse "con qué sueñan los algoritmos", en referencia al libro del sociólogo Dominique Cardon que trata este mismo asunto.

Vivimos en la era de los algoritmos y la inteligencia artificial, y, ahora más que nunca, debemos reflexionar sobre las condiciones que nos permiten mantener el control.

La pedagogía, el diseño, el derecho a analizar los algoritmos (para combatir el efecto "caja negra") o incluso el principio de lealtad (consideración de los intereses de los usuarios) pueden ser un buen punto de partida.

Al igual que los algoritmos, el cloud puede ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo. En este sentido, la ética debería ser uno de los ejes fundamentales en el desarrollo de los sectores del marketing y digital.