¡Rescatemos a los trols!

Incomprendidos, y con frecuencia acusados de terroristas verbales en internet, los troles tienen la mala fama de boicotear los debates online. ¿Y si, en lugar de sabotearlos, los apoyasen, del mismo modo en que el hacker termina por enriquecer las prácticas de toda la comunidad informática, a fuerza de alterar un código?

Rescatar la figura del trol digital como elemento perturbador en el contexto de la web participativa: este es el tema del proyecto presentado por Pierre-Marie Bonnaud a finales de noviembre pasado en el CELSA, Centro de Altos Estudios de Información y Comunicación de la Universidad de Sorbona. Entre diversas referencias a intelectuales contemporáneos, como el filósofo Michel Foucault, los sociólogos Antonio Casilli o Dominique Cardon, e incluso a Karl Marx, en su apartado dedicado al «troletariado», Pierre-Marie nos introduce en el apasionante mundo de los troles cibernéticos.

¿Cómo se interesó en la figura del trol? ¿Existía alguna perspectiva desde la que aún no se hubiese analizado?

Durante mis estudios, me interesé por los mecanismos del discurso político occidental de justificación de la guerra moderna. Abordé el terrorismo y la intervención enemiga con el objetivo de legitimar el empleo de fuerzas armadas en territorio nacional e internacional.

Durante mi preparación para el examen de ingreso al CELSA, escuché un programa de radio en France Culture sobre los troles. Teniendo en cuenta las similitudes que existían entre este personaje y mi anterior sujeto de estudio, analizar la figura del trol y la construcción de la dialéctica del «saber-poder» (retomando a Michel Foucault) me pareció, si no esencial, al menos evidente. Además, el trol había sido objeto de estudios anglosajones en el ámbito audiovisual o etnológico, pero en Francia seguía relegado al ámbito de la sociología.

¿Se puede estudiar la figura del trol sin convertirse en uno?

Reconozco que tuve que trolear un poco para comprender ciertos mecanismos -dice sonriendo-. Además, como dice Antonio Casilli, «siempre somos el trol de alguien».

Clément Sénéchal, por su parte, ofrece una explicación probatoria en este sentido: «En internet, las identidades discursivas son relativamente volátiles y fugaces: todo el mundo puede, en un momento dado, adoptar la posición social del trol, desde el momento en el que sus opiniones se consideran impertinentes, es decir, en discordancia con el contexto en el que se producen».

Por último, el troleo no es siempre un acto extraordinario: el uso indebido del «Me gusta» en Facebook representa un caso interesante de trole o, pues plantea una interrogante al usuario de las redes sociales sobre algo que se ha convertido en una norma: dar "like" a un contenido. Esta norma, en cierto modo, estandariza los espacios participativos y contribuye a crear un nuevo código de comunicación.

Usted afirma que, según Jonathan Bishop, «trolear en internet» es la expresión de la jerga informática más popular del siglo XXI. Pero ¿qué es un trol exactamente?

Según la socióloga Anne Revillard, un trol es alguien que «participa en los debates con el objetivo de perturbarlos, haciéndose pasar por un participante honesto, y los utiliza para ofrecer falsos consejos o reírse insidiosamente del resto de miembros con mensajes provocadores. Su objetivo es hacerse pasar por un miembro serio de la comunidad para desviar el debate y centrarlo en torno a sus intervenciones».

¿Podemos meter a todos los troles en el mismo saco?

¡De ninguna manera! Como explico en la sección de mi tesis dedicada a la representación mediática del trol, los medios de comunicación siembran la confusión al utilizar el término trol indistintamente para referirse a un ciberacosador, un hater, un flamer, un floder (ver las definiciones en el cuadro siguiente) o incluso a alguien grosero. Los medios de comunicación simplifican estas figuras tan singulares y, con frecuencia, las confunden con la figura del trol, ya que este último cuenta con un nombre más atractivo y evoca una imagen más rica.

La mayoría de los discursos tienen como principal objetivo condenar al trol, en vez de intentar comprenderlo. La figura del trol que yo intento recuperar es la de un innovador de la sociabilidad, un alborotador capaz de generar un discurso y un metadiscurso que nos animen a replantearnos el espacio público y el mundo digital.

Lo que el trol NO es

Un hater: como podemos deducir del origen de este término sustantivado, es una persona que actúa malintencionadamente y que muestra sistemáticamente sentimientos de odio. Adopta una actitud discriminatoria hacia su interlocutor y emite opiniones controvertidas, a menudo relacionadas con algún tabú.

Un flamer: es aquella persona que emite mensajes hostiles o insultantes (flames, en inglés) en una discusión con la intención de generar un conflicto. El flamer no busca generar polémica ni establecer un debate. Tiene una motivación más psicológica que dialéctica: intenta imponerse por la fuerza.

Un spammer: tal y como indica su nombre, se trata de una persona que envía spam o correos indeseables. El spammer publica mensajes de correo no deseado, a menudo comerciales, tanto por correo electrónico, como a través de las redes sociales y los foros de discusión. Su objetivo no es tanto molestar, como rentabilizar su comportamiento.

Un flooder: es una persona que practica el flood, una acción hostil que consiste en enviar una cantidad desmesurada de mensajes repetitivos e inútiles, sin relación alguna con el tema inicial o carentes de sentido. El objetivo del flooder es perjudicar la legibilidad del dispositivo colaborativo obligando al usuario a utilizar el motor de búsqueda o a recorrer un hilo de mensajes inútiles.

«Don´t feed the troll» es una máxima muy conocida en las redes sociales. Las marcas a veces piensan de diversas maneras, ya que, si nos ponemos en el lugar del trol, podremos cosechar cierto éxito, ganar mayor visibilidad y lograr más interacción entre los miembros de la comunidad. ¿Qué comportamiento deben adoptar las marcas o los medios de comunicación con «sus» troles?

En mi opinión, esta máxima, elevada a la categoría de adagio, es errónea. El hecho de no dialogar supone una transgresión de los principios mismos que rigen los espacios de colaboración en línea, como el reparto y la igualdad. Ignorar al trol implica presuponer, por una parte, que todos los discursos de odio o las afirmaciones polémicas provienen de los troles (algo falso, tal y como demuestra mi trabajo de investigación) y, por otra parte, que todos los troles se mueven por las mismas razones.

Responder al trol con una buena estrategia de community management que ofrezca precisamente un contradiscurso normado será mucho más útil tanto para la empresa o la institución que se preocupa por su imagen y su comunidad, como para la calidad de los debates online. El humor suele ser mucho más eficaz que la confrontación.

La moderación algorítmica y automatizada, como herramienta para acabar con las figuras perturbadoras no constructivas que permite que los moderadores centren toda su atención en las complejas figuras de los troles, o la capacidad del usuario para moderar al resto de participantes de su grupo son también estrategias útiles para la regulación de estos intercambios.

Se suele debatir sobre la posibilidad de reírnos de todo o no. ¿Cree que se puede trolear con todo?

A diferencia de otras prácticas más problemáticas como el hating o el spamming, el troleo pone de relieve la existencia de una frontera cultural entre los consumidores de la web comercial y los usuarios de internet libre. Fiel a sus valores fundacionales, lleva a cabo una estimulación ofensiva con el objetivo de cazar o impulsar a los neófitos. Se trata de un proceso social como forma de reacción frente al enfoque de la programación de los dispositivos de colaboración que animan a los usuarios a ser libres pero dentro de un marco impuesto. Para responder a su pregunta, diría que no solamente se puede, sino que se debe trolear con todo.

Usted acerca un poco más la figura del trol a la de otro personaje igual de controvertido como es el hacker. ¿Qué tienen en común y por qué asustan?

El trol altera los debates online igual que el hacker altera el código. Los políticos, ostentosos del poder económico o gubernamental, tienen miedo de este acto de disidencia. Su libertad y su creatividad dificultan el proceso de normalización de internet. Al rechazar la normalización, el trol, esa figura esquiva, escondida y anónima, consigue modificar los dispositivos, alterar las líneas de argumentación y exponer la realidad del espacio público digital tal y como es: un mito.

El poder político se opone al trol o al hacker porque los dos permiten mantener con vida el antiguo sistema, la web de los orígenes, y se resisten ante el «proyecto neoliberal que tiene como objetivo producir un sujeto flexible, automotivado y potente», según el sociólogo Dominque Cardon.

El trol es un fenómeno social que favorece el debate, la reflexión y la creación. Tal y como afirma Antonio Casilli, «el troleo no debe considerarse como una aberración de la sociabilidad en internet, sino como una de sus facetas». De este modo, los políticos no deberían repudiarlo ni reprimirlo sin aprovechar uno de los principales motores de cambio y de innovación de la sociabilidad online: el hecho de enfrentarse a contenidos, posturas o reacciones inusuales.

"El trol es un fenómeno social que favorece el debate, la reflexión y la creación."

Para usted, un trol deja de serlo cuando actúa a cara descubierta o es desenmascarado por la comunidad. En la política, por ejemplo, hemos visto algunas prácticas que se asimilan al troleo, ¿qué piensa al respecto?

Algunos diputados repiten los mismos argumentos en los debates y algunos autores atribuyen esta práctica al troleo.

Es un ejemplo perfecto de un discurso de «saber-poder». Etimológicamente, si bien es cierto que el término trol nos puede remitir al folclore escandinavo, cuando hablamos de trol no nos referimos a un «monstruo peludo y feroz», sino más bien a los siguientes conceptos:

1. Como figura, nos remite al arquetipo del trickster o pícaro divino que Lewis Hyde describe como «el idiota creativo, el sabio bufón» que aparece para proponer una acción amoral que reactivará la vida. El trickster, al igual que su heredero digital, es la «encarnación de la ambigüedad y la ambivalencia, de la dualidad y de la duplicidad, de la contradicción y de la paradoja».

2. Como acción, hace referencia al verbo británico to troll que significa `pescar con curricán´ y, por extensión `servir como señuelo para atraer la atención de alguien´.

A la luz de esta redefinición, vemos cómo el trol no tiene como «único objetivo (…) boicotear el debate utilizando todos los medios posibles», tal y como afirma Samuel Laurent. Por el contrario, busca enriquecer el debate, estimular el intercambio y reactivar la vida. Desde luego, esta definición no tiene nada que ver con la actitud de los políticos de los que hablábamos al principio. Dicho de otro modo: los políticos reciben el apelativo de troles de forma abusiva, ya que sus intervenciones no tienen nada de constructivas. Su actitud sería similar a la de los flooders o, incluso, los haters.

¿Es el anonimato una cualidad esencial del trol?

El anonimato es una forma de protección del trol como lo es para todos nosotros. Sin embargo, no es una de sus cualidades esenciales, ya que el trol solo es la persona que realiza el troleo. En este caso, es más importante el alboroto generado que el alborotador que lo genera y, en ese sentido, el anonimato o el pseudoanonimato son solo una condición más para la reiteración de este último.

Su próximo tema de investigación aborda la «poética del código». ¿Podría adelantarnos algo?

Por el momento, me estoy preparando para examinarme como conservador de bibliotecas. Sin embargo, sigo trabajando en un proyecto personal que me interesa muchísimo desde hace años: me he dado cuenta de que, en la música o en el arte en general, en matemáticas y ahora en informática, se suele hablar del «virtuosismo en la ejecución», de la «belleza en la resolución» o de la «elegancia de la ecuación».

Me gustaría elaborar, si no una taxonomía, al menos un filtro que me permitiese, a mí como estudiante de ciencias humanas (pero también, y por qué no, a una inteligencia artificial), estudiar, comprender y detectar este estilo y esta poética en el caso particular del código informático con el objetivo de crear un dispositivo capaz de identificar al hacker por su código, igual que se identifica a quienes colocan bombas por su método.

Por último, ¿cuáles deberían ser, en su opinión, los libros de cabecera de cualquier apasionado del mundo digital?

Le daré mi lista personal, aunque esta es una cuestión extremadamente subjetiva. La belleza digital reside precisamente en el hecho de que el mundo abarca tantos ámbitos que su literatura puede satisfacer a todo el mundo.

Personalmente, considero importante recordar que, en los albores digitales, la web se creó como un espacio de libertad y de cultura compartida. También debemos analizar la relativa confiscación de este espacio por parte de los poderes, no ya de control, sino de vigilancia a priori.

  • Cypherpunks. La libertad y el futuro de internet, de Julian Assange, Jacob Appelbaum, Andy Müller-Maguhn y Jéremie Zimmermann.
  • Snowden. Sin un lugar donde esconderse, de Glenn Greenwald.
  • La gran conversión digital, de Milad Douehi.

Consultar la tesis online

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Consulte la versión completa en francés en el siguiente enlace.

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